Tutorial completo de cables de red: herramientas y montaje paso a paso

  • Montar cables de red a medida es sencillo, económico y no requiere conocimientos avanzados.
  • Con una crimpadora, conectores RJ‑45 y cable adecuado puedes crear cables directos personalizados.
  • Los pasos clave son pelar, ordenar por colores, cortar, insertar en el RJ‑45 y crimpar correctamente.
  • Una buena comprobación visual y de conexión evita la mayoría de fallos habituales en el cableado.

Cable de red y conectores RJ45

Si alguna vez has pensado cablear una habitación, montar tu propio escritorio gaming o mejorar la red de casa, seguramente te has topado con un problema muy típico: los cables de red que venden hechos son demasiado cortos, demasiado largos o, directamente, demasiado caros para lo que son. La buena noticia es que no estás obligado a pasar por caja en una gran superficie cada vez que necesitas un cable nuevo.

Hacer tus propios cables Ethernet es más sencillo de lo que parece, bastante barato y no requiere ser un experto en redes. Con unas pocas herramientas básicas y siguiendo unos pasos muy concretos, puedes fabricar cables de red a medida, adaptados exactamente a la distancia que necesitas y con la configuración adecuada para conectar tu PC, portátil, router, switch u otros dispositivos de red.

Por qué merece la pena hacer tus propios cables de red

Cuando empiezas a mirar precios, es fácil darse cuenta de que los cables de red prefabricados pueden tener un sobrecoste importante, sobre todo si buscas longitudes poco habituales o calidades específicas. Fabricarlos tú mismo te permite ahorrar y, además, tener un control absoluto sobre los metros que necesitas.

Otra ventaja es que puedes cablear habitaciones completas, pasillos o incluso una pequeña oficina con tiradas de cable limpias, sin un exceso de longitud enrollado detrás de los muebles ni empalmes chapuceros. Simplemente mides, cortas y crimpa los conectores en cada extremo.

También es muy interesante a nivel práctico: aprender a montar cables te ayuda a entender mejor cómo funciona tu red doméstica. Aunque pueda imponerte al principio, verás que no tiene misterio: son solo pares de hilos de colores siguiendo un orden concreto dentro de una clavija RJ‑45.

Por último, si te gusta cacharrear, este tipo de tareas son casi un pequeño proyecto DIY. Tras hacer dos o tres cables, el proceso se vuelve automático y muy rápido. En poco rato puedes tener tu casa perfectamente cableada sin depender del WiFi para todo.

Herramientas y materiales imprescindibles

Para montar un cable de red en condiciones necesitas muy pocas cosas, pero es importante que sean las adecuadas. La lista básica de herramientas y materiales es corta, fácil de conseguir y no hace falta dejarse un dineral.

En lo esencial, vas a necesitar:

  • Un tramo de cable de red (UTP o similar, categoría 5e, 6, etc., según lo que quieras montar).
  • Una crimpadora para conectores RJ‑45, que es la herramienta específica para fijar el conector al cable.
  • Unas tijeras con buen filo (o un pelacables) para cortar y pelar la cubierta exterior.
  • Dos conectores RJ‑45, uno para cada extremo del cable.

Probablemente, lo que más dudas genera es la crimpadora. Es una herramienta específica que sirve para prensar el conector RJ‑45 sobre el cable, haciendo que las pequeñas láminas metálicas del conector perforen el aislante de cada hilo interno y queden en contacto con el cobre.

Este tipo de crimpadoras se pueden encontrar fácilmente por Internet o en tiendas especializadas por unos 15 euros aproximadamente, dependiendo de la calidad. Si no tienes intención de hacer muchos cables y quieres ahorrar, siempre puedes preguntar a un amigo o familiar si te puede prestar una, ya que suelen durar muchos años.

Existen modelos de crimpadoras multipropósito que también sirven para conectores RJ‑11 (los típicos de telefonía fija). Si solo te interesa trabajar con cables de red Ethernet, no es necesario que compres una herramienta tan completa; una versión sencilla orientada a RJ‑45 suele ser más barata y más que suficiente.

Conociendo el cable de red: pares trenzados y tipos de cable

Antes de ponerte manos a la obra, conviene entender mínimamente qué estás manipulando. Un cable Ethernet típico está formado por ocho hilos internos, agrupados en cuatro pares trenzados. Cada par está compuesto por dos cables de colores complementarios (por ejemplo, naranja y blanco‑naranja).

El hecho de que vengan trenzados no es un capricho: el trenzado ayuda a reducir interferencias y ruidos eléctricos, mejorando la calidad de la señal. Por eso, durante el montaje solo vamos a deshacer el trenzado en el tramo mínimo imprescindible para poder ordenar los hilos y meterlos en el conector.

En cuanto al tipo de cable que vas a fabricar, lo habitual para una red doméstica es montar un cable directo, pensado para conectar un ordenador a un router o a un switch. Este es el tipo más usado y el que se implementa casi siempre en instalaciones de vivienda y oficina.

Existe también el llamado cable cruzado (crossover), que invierte el orden de algunos pares para permitir la conexión directa entre dos dispositivos del mismo tipo (por ejemplo, PC a PC sin switch intermedio). Hoy en día, muchos equipos negocian automáticamente el tipo de conexión, así que su uso es menos habitual, pero el procedimiento de montaje es prácticamente el mismo, cambiando solo el orden de los colores.

En esta guía nos centraremos en el montaje de un cable directo estándar, que es el más práctico para el usuario medio. Aun así, lo que aprendas te servirá para entender cualquier otra configuración.

Paso 1: pelar la cubierta del cable con cuidado

El primer paso físico para montar tu cable consiste en retirar un pequeño tramo de la funda exterior de plástico en uno de los extremos. Con unos 3 centímetros de longitud descubierta suele ser más que suficiente para trabajar con comodidad.

Ese corte hay que hacerlo con mimo. Es fundamental no dañar ni morder los hilos internos, porque cualquier corte o marca profunda puede provocar fallos intermitentes, desconexiones o que el cable directamente no funcione. Ten en cuenta que los hilos son finos y están aislados individualmente.

La crimpadora suele incluir una cuchilla o ranura pensada para pelar el cable, pero mucha gente se encuentra más cómodo usando unas tijeras normales con un poco de maña. La idea es ejercer una presión suave alrededor de la funda sin llegar a apretar tanto como para tocar los hilos internos.

Una forma práctica de hacerlo es marcar ligeramente la cubierta con las tijeras, girando el cable para hacer un surco poco profundo, y después tirar suavemente del trozo de plástico para desprenderlo entero. Si al retirar la funda ves que algún hilo tiene el aislamiento marcado o cortado, lo mejor es volver a cortar un poco más atrás y repetir el proceso.

Paso 2: separar y estirar los pares internos

Una vez has quitado la funda, verás los cuatro pares de hilos trenzados. Cada par suele venir formado por un cable de color sólido y otro del mismo color con fondo blanco (por ejemplo, verde y blanco‑verde, azul y blanco‑azul, etc.).

El siguiente paso es deshacer el trenzado de cada par y separar todos los hilos. Hazlo con calma, girando en sentido contrario al trenzado original y asegurándote de que cada cable queda lo más recto posible. No se trata de estirar hasta deformar, sino de quitar la ondulación para que luego sea más fácil colocarlos en orden.

Mientras los vas separando, puedes ir dejándolos ligeramente abiertos, sin cruzarse entre sí. Esta pequeña separación te facilitará el paso siguiente, en el que tendrás que ordenarlos según el esquema que quieras usar.

Cuanto más rectos y alineados queden, más sencillo será después cortarlos a la misma longitud e insertarlos en el conector RJ‑45. Si notas que alguno se encabrita o hace demasiada curva, vuelve a alisarlo con los dedos, desde la base hacia la punta.

Paso 3: ordenar los hilos según el estándar de cable directo

Con los ocho hilos ya sueltos y rectos, llega el momento crucial: colocarlos en el orden correcto para que el cable funcione como un cable directo estándar. Para este tipo de cable, los dos extremos siguen la misma secuencia de colores.

Hay varios estándares (como T568A y T568B), pero en la práctica doméstica se utiliza mayoritariamente el T568B para cables directos. Lo realmente importante es que mantengas el mismo orden exacto en los dos extremos del cable, de lo contrario el resultado será un cable cruzado u otra combinación que puede no funcionar como esperas.

Una vez definido el patrón que vas a seguir, coloca los hilos uno junto a otro, bien pegados, sin cruces. Tómate tu tiempo para comprobar que los colores están todos en la posición correcta y que ninguno se ha colado fuera de sitio. Este es uno de los puntos donde más errores se cometen, así que una comprobación extra nunca sobra.

Cuando ya tengas la hilera formada, presiona suavemente con los dedos para que todos los hilos queden alineados y sin huecos entre ellos. Eso facilitará el corte y la inserción posterior en el conector RJ‑45.

Paso 4: cortar a la longitud adecuada e introducir en el RJ‑45

Antes de meter los hilos en la clavija, necesitas recortar el sobrante para que todos queden exactamente a la misma altura. Con unas tijeras bien afiladas, haz un corte recto, limpio, de forma que los extremos queden nivelados.

Lo ideal es que la zona de hilos sin funda exterior tenga aproximadamente 1,5 centímetros de longitud. Con menos tramo te costará maniobrar, y con demasiado acabarás dejando la parte trenzada demasiado lejos del conector, lo cual no es recomendable para mantener la integridad de la señal.

Cuando los hilos estén cortados y alineados, coge el conector RJ‑45 de forma que la pestaña de plástico quede hacia abajo y la boca del conector hacia ti. En esta posición, el pin número 1 (el primero por la izquierda) debe corresponder al hilo que toque según el estándar elegido (por ejemplo, el par naranja en T568B).

Introduce los hilos en el conector sin prisas pero con decisión, asegurándote de que cada uno entra en su guía individual. Es frecuente que alguno se intente cruzar o doblar; si notas resistencia extraña, retíralos un poco, revisa el orden y vuelve a probar.

Una vez dentro, empuja los hilos hasta el fondo de la clavija. Mira con atención el frontal transparente: debes ver claramente las puntas de los ocho hilos llegar hasta la parte delantera del conector. Si alguno se queda corto, es muy probable que no haga buen contacto cuando crimples.

Además, fíjate en la parte trasera del RJ‑45: la funda exterior del cable (la de color uniforme, por ejemplo verde o gris) debería alcanzar la pestaña interna de sujeción del conector. Esa pestaña es la que fijará mecánicamente el cable para que, al tirar de él, no se suelten los hilos internos.

Paso 5: fijar el conector con la crimpadora

Cuando estés seguro de que todo está en su sitio, llega el momento de crimpar el conector RJ‑45 con la herramienta. Este paso es el que convierte tu conjunto de hilos ordenados en un cable de red funcional.

Introduce el conector en el hueco adecuado de la crimpadora (normalmente viene marcado para RJ‑45) y asegúrate de que queda insertado hasta el fondo. Mantén el cable firme con una mano y la herramienta con la otra, para que no se mueva mientras aprietas.

Aprieta las asas de la crimpadora con una fuerza firme pero controlada. No hace falta aplicar una presión desmesurada, pero tampoco quedarte corto. La mayoría de crimpadoras de calidad hacen un pequeño clic o simplemente se nota que llegan al final de su recorrido.

En ese momento, las láminas metálicas del conector perforan el aislante de cada hilo y establecen el contacto eléctrico con el cobre interior, mientras que la pestaña posterior se cierra sobre la funda del cable para sujetarlo mecánicamente.

Una vez soltada la herramienta, inspecciona el resultado: comprueba que el conector no se mueve, que la pestaña trasera ha mordido bien la funda y que no se ve ningún hilo doblado o fuera de sitio. Si todo tiene buena pinta, ya tienes un extremo del cable terminado.

Paso 6: repetir en el otro extremo y comprobar el funcionamiento

Con un extremo terminado, solo te queda repetir exactamente el mismo proceso en el otro lado del cable. Recuerda que, para que sea un cable directo, el orden de colores debe ser el mismo en ambos conectores.

Vuelve a pelar unos 3 centímetros de funda, deshaz los trenzados, ordena los hilos según el estándar que estés usando, recorta a unos 1,5 centímetros, insértalos en el RJ‑45 y crimpa con la herramienta hasta que quede bien fijado. No te saltes ninguna comprobación, aunque ya lo hayas hecho antes.

Cuando tengas los dos extremos montados, toca probar. Lo más sencillo es conectar un dispositivo a tu router o switch usando el cable que acabas de fabricar y comprobar si hay enlace de red (normalmente se enciende un LED en el equipo y se establece la conexión).

Si el cable no funciona, las causas más comunes suelen ser:

  • Algún color mal colocado en uno de los extremos.
  • Un hilo que no llega hasta el fondo del conector y por tanto no hace contacto.
  • Un daño en el aislamiento o el cobre interno al pelar la funda.

En cualquiera de estos casos, no te alarmes. Lo habitual es cortar el conector defectuoso, repetir el proceso con un RJ‑45 nuevo y revisar con algo más de calma el orden de los hilos y la inserción. A base de práctica, estos pequeños fallos desaparecen.

Al principio puede parecer un procedimiento un poco largo, pero lo cierto es que tras hacer dos o tres cables el proceso se vuelve casi mecánico. Acabarás montando cables en pocos minutos, ajustando exactamente las longitudes que necesitas en cada habitación.

Dominar este sencillo procedimiento te permite montar tu propia infraestructura de red doméstica sin depender de cables prefabricados, ahorrando dinero y ganando en flexibilidad. Entendiendo los pasos clave —pelar, ordenar, cortar, insertar y crimpar—, tendrás el control total sobre tu cableado de red y podrás adaptar tu instalación a cualquier cambio que surja en casa o en la oficina.

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