- La dieta del deportista debe personalizarse según la intensidad y duración del ejercicio, priorizando la energía adecuada y la reparación muscular.
- Los hidratos de carbono son la gasolina principal, mientras que las proteínas y grasas aseguran la estructura y la reserva energética.
- Una hidratación estratégica, que incluya electrolitos en esfuerzos prolongados, es vital para evitar el golpe de calor y la fatiga.
- El uso de suplementos debe ser crítico y basado en evidencia científica, priorizando siempre la comida real y el descanso.
Cuando hablamos de darle caña al cuerpo en el gimnasio o en la pista, mucha gente se olvida de que el entrenamiento es solo una parte de la ecuación. La nutrición deportiva es esa disciplina que se encarga de ajustar lo que comemos según el tipo de esfuerzo que hagamos, asegurando que no nos quedemos sin gasolina a mitad de camino y que el cuerpo se repare como es debido. No se trata solo de comer sano, sino de cubrir cada etapa: desde la preparación previa y la competición hasta el descanso y la recuperación.
Para que un deportista rinda de verdad, no basta con tener buenos genes o entrenar con una planificación completa hasta el agotamiento; la alimentación juega un papel determinante. Los objetivos son claros: dar al organismo la energía necesaria, proporcionar los nutrientes para que los músculos se recuperen y mantener el metabolismo a tope. Como cada cuerpo es un mundo y cada deporte pide cosas distintas, no existe una dieta mágica universal, sino que debemos adaptar los nutrientes a la intensidad, la frecuencia y los objetivos personales de cada uno.
El combustible fundamental: Los Hidratos de Carbono

Los hidratos de carbono (HC) son, básicamente, el combustible preferido de nuestros músculos en ejercicios de intensidad media y alta. A diferencia de las grasas, que aportan más calorías por gramo (9 kcal frente a las 4 kcal de los HC), los carbohidratos son mucho más rápidos de procesar y requieren agua para almacenarse en forma de glucógeno. Esto es clave, ya que el glucógeno muscular y hepático es lo que nos permite mantener la contracción muscular cuando la exigencia sube.
Dependiendo de cuánto tiempo entrenes al día, las cantidades varían considerablemente. Por ejemplo, alguien que entrena una hora diaria puede necesitar entre 6 y 7 gramos por kilo de peso, mientras que quienes pasan más de cuatro horas activos pueden subir hasta los 10 gramos por kilo. Si te preparas para una competición de larga distancia (como un maratón o triatlón), es habitual hacer una carga de HC la semana previa para maximizar las reservas de glucógeno, reduciendo la intensidad del ejercicio para que el cuerpo absorba todo ese combustible.
Estrategias según el momento de la competición
- Antes del evento: Unas 3 o 4 horas antes, lo ideal es optar por alimentos de alto índice glucémico, bajos en grasas y fibra para evitar pesadez estomacal. Si faltan solo una o dos horas, la cantidad debe bajar a 1-2g/kg para evitar picos de insulina que podrían jugar en contra.
- Durante la actividad: En pruebas que superen los 90 minutos, es vital ingerir entre 45 y 60 gramos de HC por hora. Se recomienda una mezcla de glucosa, maltodextrina y fructosa en forma de geles o bebidas para optimizar la absorción y evitar molestias gástricas.
- Después del esfuerzo: Para recuperar el glucógeno rápido, los primeros 15 minutos son oro. Se sugiere ingerir 1,5g/kg de HC de alto índice glucémico, seguido de dosis menores cada dos horas durante las siguientes seis horas para acelerar la regeneración.
Proteínas y Grasas: Estructura y Reserva

Aunque no son la fuente de energía primaria, las proteínas son imprescindibles para que el músculo no se destruya. Durante el ejercicio, pueden aportar entre un 5% y un 10% de la energía, pero su función real brilla en la síntesis proteica post-entrenamiento. Dependiendo del objetivo, los requerimientos cambian: alguien que busca ganar masa muscular necesitará entre 1,8 y 2,0g/kg, mientras que en deportes de resistencia bastaría con 1,4 a 1,6g/kg para mantener la integridad tisular.
Por otro lado, las grasas no deben demonizarse. Representan entre el 20% y el 30% de las calorías diarias y son la mejor fuente de energía para pruebas de muy larga duración y baja intensidad. Además, los omega-3 tienen un efecto antiinflamatorio natural que ayuda a que los tejidos se recuperen más rápido tras una paliza física. Eso sí, es recomendable que la comida previa a competir sea baja en grasas para no ralentizar la digestión.
Hidratación y Control Térmico

El agua es el nutriente más olvidado pero el más crítico. El cuerpo usa el sudor como mecanismo de refrigeración para no sobrecalentarse, pero confiar solo en la sensación de sed es un error, ya que cuando aparece, ya estamos deshidratados. Una pérdida de tan solo el 1% o 2% del peso corporal puede provocar calambres, debilidad y, en casos graves, un golpe de calor que pone en riesgo la salud.
Para combatir esto, no basta con beber agua sola en entrenamientos intensos. Es necesario reponer electrolitos como el sodio, el potasio, el calcio y el magnesio. El potasio es clave para la función muscular y el sodio para el equilibrio hídrico. Una regla de oro es beber entre 1,2 y 1,5 litros de líquido por cada kilo de peso perdido durante la actividad, asegurando que la orina sea transparente como señal de rehidratación completa.
Suplementación: ¿Qué funciona y qué es humo?

El mundo de los suplementos es un terreno pantanoso. Es fundamental distinguir entre aquellos con evidencia científica y los que son puro marketing. Los suplementos de categoría A, como la creatina, son muy efectivos en deportes de fuerza y potencia, ya que ayudan a resintetizar el ATP rápidamente, aunque pueden provocar un ligero aumento de peso por retención de agua.
Otros aliados probados son la cafeína, que reduce la percepción del esfuerzo y mejora la lipólisis, y el bicarbonato de sodio, que ayuda a retrasar la fatiga en ejercicios anaeróbicos al regular el pH sanguíneo. También existen los agentes hiperhidratantes como el glicerol, útiles en climas extremos. Por el contrario, sustancias como la glutamina o el HMB tienen resultados contradictorios y no siempre aportan una ventaja real en atletas ya entrenados, por lo que no deberían ser la prioridad frente a una dieta sólida.
Consejos finales para un rendimiento top
Para cerrar el círculo, recuerda que la comida real siempre gana. Prioriza legumbres, cereales integrales, carnes blancas y grasas saludables como el aguacate o el aceite de oliva. Evita los ultraprocesados y los azúcares refinados que solo dan energía vacía. Además, no descuides el descanso reparador: dormir 8 horas y dejar días de recuperación a la semana es tan importante como el entrenamiento mismo para evitar lesiones y el sobreentrenamiento.
Llevar una alimentación deportiva coherente implica equilibrar la ingesta de macronutrientes según la carga de trabajo, mantener una hidratación constante con electrolitos y utilizar la suplementación solo como un apoyo puntual. Al combinar una dieta ajustada a las necesidades energéticas con un descanso adecuado y una planificación inteligente de los nutrientes antes y después de cada sesión, se logra optimizar la composición corporal y potenciar la capacidad física de manera sostenible y saludable.


