Entrenamiento deportivo: principios, tipos y planificación completa

  • El entrenamiento deportivo es un proceso científico y pedagógico, planificado en ciclos y orientado a objetivos concretos de rendimiento y salud.
  • Sus 7 principios básicos (individualidad, sobrecarga, progresión, periodización, reversibilidad, especificidad y recuperación) guían el diseño de cualquier programa eficaz.
  • Existen múltiples tipos de entrenamiento (fuerza, resistencia, potencia, flexibilidad, funcional) que se combinan según el deporte, la fase de la temporada y el perfil del deportista.
  • La planificación moderna integra modelos clásicos y avanzados, apoyándose en la ciencia y la tecnología sin perder de vista la seguridad y la ética deportiva.

entrenamiento deportivo

El entrenamiento deportivo es mucho más que sudar en el gimnasio o seguir una tabla de ejercicios al azar. Detrás de cada marca personal, de cada ascenso de categoría o de cada deportista que llega a su mejor versión hay un proceso planificado, científico y pedagógico que organiza el trabajo físico, técnico, táctico y mental a lo largo del tiempo. Da igual que seas atleta de élite, entrenador o aficionado que quiere ponerse en forma: entender cómo funciona este proceso cambia por completo la manera en la que te entrenas.

A lo largo de este artículo vamos a desgranar, con un lenguaje claro y cercano, qué es el entrenamiento deportivo, qué principios lo rigen, cómo se planifica en ciclos y qué tipos de entrenamiento existen. También verás cómo la ciencia ha ido transformando la forma de preparar deportistas, desde los modelos clásicos de planificación hasta propuestas más modernas e incluso avances genéticos que apuntan a un futuro lleno de retos éticos. Si te interesa el rendimiento, la salud o te planteas trabajar como entrenador personal, ponte cómodo porque viene un buen repaso.

Qué es realmente el entrenamiento deportivo

planificacion de entrenamiento deportivo

Cuando hablamos de entrenamiento deportivo, no nos referimos solo a “hacer ejercicio”, sino a un proceso sistemático, planificado y a largo plazo que busca mejorar al máximo la capacidad de rendimiento de una persona o un equipo en un deporte concreto. Este proceso incluye la preparación física, técnica, táctica y psicológica, organizada mediante cargas de trabajo que varían en cantidad e intensidad para provocar adaptaciones en el organismo.

Numerosos autores han definido el concepto desde distintos ángulos, pero todos coinciden en que el entrenamiento es un proceso pedagógico y científico que utiliza el ejercicio físico repetido y organizado para generar cambios duraderos en la estructura y la función del cuerpo. Es decir, se busca que el organismo se adapte morfológica, funcional, bioquímica y mentalmente para rendir mejor en una prueba o disciplina determinada.

Este proceso tiene una serie de características clave: es continuo en el tiempo, se basa en la idea de adaptación progresiva a cargas crecientes, está orientado a objetivos muy concretos (más fuerza, más velocidad, mejor resistencia, más precisión técnica…) y se apoya en conocimientos científicos y experiencia práctica del entrenador y del propio deportista.

Además, el entrenamiento deportivo no es exclusivo del alto rendimiento. Cualquier persona que se entrena con un objetivo (mejorar salud, perder grasa, ganar músculo, preparar una oposición física, terminar un maratón) entra en este concepto, siempre que su práctica siga una cierta planificación y progresión.

Para qué sirve el entrenamiento deportivo y qué beneficios aporta

La finalidad principal del entrenamiento deportivo es que el deportista saque su mejor versión física y mental en la disciplina que practica. A través de un programa bien diseñado se busca estimular de forma progresiva los procesos fisiológicos implicados en el rendimiento: sistemas energético, cardiovascular, respiratorio, muscular, nervioso, además de las capacidades coordinativas y cognitivas relacionadas con la táctica y la toma de decisiones.

Cuando este proceso está bien estructurado, los beneficios se notan tanto en rendimiento como en salud. Entre las ventajas más importantes del entrenamiento deportivo bien planificado podemos destacar: aumento del rendimiento en competición o en las sesiones, incremento de la fuerza y la masa muscular, mejora de la resistencia aeróbica y anaeróbica, mayor estabilidad articular y, por tanto, prevención de lesiones, mejor composición corporal con más quema de grasa, reducción del estrés y mejora del estado de ánimo, y un efecto global positivo sobre la salud física y emocional.

Ahora bien, estos beneficios solo se mantienen si el entrenamiento se realiza con constancia y continuidad. Si el deportista deja de entrenar, entra en juego uno de los principios clave del proceso: la reversibilidad. Es decir, las adaptaciones conseguidas se van perdiendo de forma gradual cuando desaparece el estímulo de entrenamiento y el cuerpo deja de tener motivos para mantener ese nivel de forma.

Los 7 principios clave del entrenamiento deportivo

Detrás de cualquier programa serio hay una serie de principios científicos que permiten estructurar las cargas de trabajo para maximizar resultados y reducir el riesgo de lesión o sobreentrenamiento. Estos principios explican por qué se planifica un tipo de sesión u otro, en qué orden y con qué progresión. Los más aceptados en la literatura actual son siete.

1. Individualidad

El principio de individualidad recuerda que cada persona es única y responde de manera distinta al mismo estímulo. Factores como la genética, la edad, el sexo, el historial deportivo, el nivel de condición física, las lesiones previas o el contexto de vida influyen en cómo reacciona el organismo a una misma carga de entrenamiento.

Por eso, un plan que funciona de maravilla en un atleta joven y experimentado puede ser totalmente inapropiado para una persona mayor o para un principiante. Un buen entrenador personal adapta el volumen, la intensidad, la frecuencia y el tipo de ejercicios a las necesidades concretas del deportista y va ajustando el programa a medida que se producen mejoras o aparecen nuevas circunstancias.

2. Sobrecarga

Para que se produzcan adaptaciones, el cuerpo debe enfrentarse a una carga de trabajo superior a la que está acostumbrado. Este es el principio de sobrecarga: si el estímulo es siempre el mismo, el organismo se acostumbra y deja de mejorar.

Esto puede lograrse aumentando la intensidad (más peso, más velocidad), el volumen (más repeticiones, más series, más kilómetros), la frecuencia (más días por semana) o reduciendo los descansos. La clave está en que este incremento de exigencia sea controlado y razonable, porque una sobrecarga demasiado brusca incrementa el riesgo de lesión y de sobreentrenamiento.

3. Progresión

Muy ligado a la sobrecarga aparece el principio de progresión. No basta con entrenar duro un día; es necesario que la evolución de las cargas sea gradual y sistemática. La idea es permitir que el cuerpo se adapte a cada nivel de exigencia antes de subir el siguiente peldaño.

Por ejemplo, un levantador puede añadir pequeños incrementos de peso cada semana en sus ejercicios básicos en lugar de intentar un salto grande de golpe. De esta forma, se reducen las probabilidades de lesión y se consolidan mejor las adaptaciones de fuerza, resistencia o velocidad, con un impacto muy positivo en la motivación del deportista al ver progresos constantes.

4. Periodización

La periodización hace referencia a cómo se organiza el entrenamiento en el tiempo, dividiéndolo en ciclos con objetivos específicos. No se entrena igual en pretemporada que a una semana de una final, ni un deportista que compite una vez al año que otro con decenas de competiciones.

Este principio permite jugar con el volumen, la intensidad y el tipo de carga a lo largo de la temporada para alcanzar picos de forma en momentos clave (campeonatos, Grand Slams, Juegos, oposiciones físicas…). La periodización tradicional divide el año en grandes bloques (macrociclos) y, dentro de ellos, en mesociclos y microciclos, ajustando el trabajo según los objetivos de cada fase.

5. Reversibilidad

El principio de reversibilidad es sencillo pero a menudo se subestima: lo que no se entrena, se pierde. Las adaptaciones generadas por el entrenamiento no son permanentes; si se reduce de manera importante el estímulo, el cuerpo vuelve poco a poco a un nivel inferior de rendimiento.

Un nadador que deja de entrenar varias semanas verá cómo cae su capacidad aeróbica y su fuerza específica. Por eso, en periodos de parón (lesiones, vacaciones largas, fases de baja carga) suele recomendarse mantener al menos un mínimo de actividad que conserve parte de las adaptaciones conseguidas.

6. Especificidad

El principio de especificidad indica que el cuerpo se adapta de forma muy concreta al tipo de estímulo que recibe. Para mejorar en un aspecto particular del rendimiento, el entrenamiento debe parecerse a ese gesto o demanda. Cuanto más específico es el estímulo, mayor transferencia habrá al deporte.

Un velocista que quiera ganar velocidad máxima deberá incluir sprints, salidas explosivas y trabajo técnico, no solo rodajes suaves. Un ciclista que prepare contrarreloj tendrá que pasar muchas horas sobre la bici en posiciones y ritmos parecidos a los de competición, aunque pueda complementar con otras actividades como natación o carrera a pie dentro de un enfoque de entrenamiento cruzado.

7. Recuperación

Finalmente, el principio de recuperación recuerda que el progreso no se produce durante el esfuerzo en sí, sino en los periodos de descanso que siguen a la carga. Es durante la recuperación cuando el organismo repara los tejidos dañados, repone los depósitos energéticos y consolida las adaptaciones, gracias al fenómeno de la supercompensación.

Si no se respetan los descansos entre sesiones o no se planifican semanas de descarga y días de baja intensidad, el cuerpo acumula fatiga y aumenta el riesgo de lesiones, enfermedad y estancamiento. Por eso la buena planificación siempre contempla el descanso como parte activa y esencial del entrenamiento.

Tipos de entrenamiento deportivo y sus objetivos

En función de lo que se quiera mejorar, el entrenamiento deportivo se puede organizar en diferentes tipos de trabajo, cada uno con objetivos, métodos y contenidos específicos. Lo habitual en la práctica real es combinar varios de ellos dentro de un mismo plan, ajustando la proporción según el deporte y la fase de la temporada.

Entrenamiento de fuerza

El entrenamiento de fuerza tiene como finalidad principal incrementar la capacidad del músculo para generar tensión. Esto se trabaja con ejercicios de resistencia como pesas libres, máquinas, bandas elásticas, autocargas o trabajo funcional. Dependiendo de la intensidad, el volumen y el tipo de ejercicio, se puede orientar a ganar masa muscular, mejorar la fuerza máxima, la fuerza resistencia o la fuerza explosiva.

Este tipo de entrenamiento es fundamental no solo para deportistas de fuerza o potencia, sino también para quienes buscan mejorar su salud, su estabilidad articular y su rendimiento en deportes de resistencia. Un plan bien diseñado de fuerza reduce la probabilidad de lesión y aumenta la capacidad de soportar cargas elevadas en otros tipos de trabajos.

Entrenamiento aeróbico o de resistencia

El entrenamiento aeróbico se centra en desarrollar la capacidad del sistema cardiovascular y respiratorio para utilizar el oxígeno de forma eficiente durante esfuerzos prolongados de intensidad baja o moderada. Actividades como correr, nadar, remar o montar en bicicleta son ejemplos típicos.

En este contexto cobra relevancia el VO2 máx, una medida que refleja el consumo máximo de oxígeno y sirve como referencia del potencial aeróbico de una persona. Programas como los de triatlón combinan trabajo aeróbico de alta duración con fuerza y técnica específica de cada disciplina, integrando varios tipos de entrenamiento dentro de un mismo plan global.

Entrenamiento de resistencia muscular

Relacionado con el anterior, el entrenamiento de resistencia muscular pone el foco en la capacidad del músculo para soportar esfuerzos repetidos durante mucho tiempo sin perder eficacia. Suele implicar cargas moderadas con muchas repeticiones, circuitos de ejercicios o esfuerzos mantenidos en el tiempo.

Es especialmente útil para deportistas que necesitan sostener la producción de fuerza durante largos periodos y evitar la fatiga muscular, como fondistas, ciclistas, jugadores de deportes colectivos o personas que preparan pruebas físicas con bloques de trabajo prolongados.

Entrenamiento de potencia y velocidad

El entrenamiento de potencia y de velocidad se dirige a mejorar la capacidad de producir fuerzas altas en tiempos muy cortos. Se utiliza en deportes que requieren sprints, saltos, cambios de ritmo rápidos o gestos explosivos, como el atletismo de velocidad, deportes de equipo, deportes de combate o halterofilia.

Incluye saltos pliométricos, sprints, levantamientos olímpicos, arrastres, lanzamientos y otros ejercicios donde se combina gran intensidad y tiempos de ejecución muy breves, siempre con una técnica muy cuidada para evitar lesiones.

Entrenamiento de flexibilidad

El trabajo de flexibilidad busca aumentar la amplitud de movimiento de las articulaciones y la elasticidad del músculo. Se basa en estiramientos estáticos y dinámicos, movilidad articular y ejercicios específicos según el deporte.

Una buena flexibilidad contribuye a reducir el riesgo de lesión, mejorar la técnica en gestos que requieren gran rango de movimiento (gimnasia, danza, artes marciales) y favorecer una mejor recuperación tras sesiones exigentes.

Entrenamiento funcional y entrenamientos especiales

El llamado entrenamiento funcional pone el foco en mejorar patrones de movimiento globales más que músculos aislados. Combina fuerza, coordinación, estabilidad y control para que los gestos aprendidos se transfieran de forma efectiva al deporte o a la vida diaria.

En esta línea se engloban propuestas como el entrenamiento cruzado, el trabajo en suspensión tipo TRX, el HIIT o el entrenamiento funcional de alta intensidad que utilizan movimientos multiarticulares, cambios de dirección, trabajo de core y ejercicios en diferentes planos.

Componentes básicos de una sesión de entrenamiento

Más allá de la planificación anual, cada sesión de entrenamiento suele estructurarse en una serie de fases con funciones bien definidas. Esta organización se puede aplicar tanto a un entrenamiento de fuerza, uno de resistencia o una sesión técnica.

Calentamiento

El calentamiento prepara al organismo para el esfuerzo principal y es clave para prevenir lesiones. Incluye ejercicios de movilidad articular, activación de los grupos musculares que se van a trabajar y una subida progresiva de la frecuencia cardiaca mediante cardio ligero (trote suave, bicicleta, saltos suaves, etc.).

Parte principal

La parte principal es el núcleo del entrenamiento. Aquí se introducen los ejercicios o tareas específicas acordes al objetivo de la sesión: trabajo técnico del deporte, series de fuerza, intervalos de resistencia, sprints, tareas tácticas, circuitos, etc. La intensidad y el volumen se dosifican según la fase del ciclo y el estado del deportista.

Vuelta a la calma o enfriamiento

El enfriamiento ayuda al organismo a volver de forma progresiva al reposo y favorece la recuperación. Suelen utilizarse actividades de baja intensidad (caminar, trotar muy suave), estiramientos estáticos orientados a la relajación muscular y, en algunos casos, técnicas de respiración o relajación para bajar el nivel de activación.

Evaluación y control

Un componente a menudo olvidado es la evaluación. Medir el rendimiento de forma periódica (tiempos, cargas, repeticiones, pruebas de campo, cuestionarios de fatiga) permite ajustar la planificación y comprobar si el deportista está respondiendo bien al programa.

Hoy en día, recursos como pulseras de actividad, aplicaciones de entrenamiento o plataformas de seguimiento ayudan a registrar datos, observar tendencias y tomar decisiones informadas sobre aumentos o reducciones de carga.

Planificación del entrenamiento: macrociclos, mesociclos y microciclos

La periodización del entrenamiento suele articularse en varias etapas o ciclos de distinta duración, que se encadenan para llevar al deportista desde un estado de forma inicial hasta el nivel deseado en el momento clave de la temporada.

Macrociclo

El macrociclo es el ciclo de mayor duración dentro de la planificación. Habitualmente abarca una temporada completa, que en muchos deportes coincide con un año natural, aunque en otros puede alargarse dos o más años (por ejemplo, planes orientados a grandes citas como Juegos Olímpicos o Mundiales).

En esta fase se definen los grandes objetivos de rendimiento del año: qué nivel de forma se quiere alcanzar, en qué competiciones debe estar el pico de rendimiento, cuántas fases de carga y descarga se van a plantear, etc. El macrociclo suele incluir una fase de preparación general, una de preparación específica, un periodo competitivo y, por último, una fase de transición o descanso relativo.

Mesociclos

Dentro del macrociclo encontramos los mesociclos, que son bloques de varias semanas con un objetivo concreto. Lo habitual es que duren entre 3 y 6 semanas, compuestos por varios microciclos. Cada mesociclo se enfoca en una adaptación principal: por ejemplo, un bloque de fuerza máxima, otro de fuerza explosiva, otro de resistencia aeróbica o de puesta a punto competitiva.

Durante un mesociclo se mantiene una cierta coherencia en el tipo de estímulo predominante, aunque pueda haber variaciones dentro de cada semana. De este modo se consigue una acumulación específica de carga suficiente para provocar adaptaciones significativas en la capacidad que se quiere mejorar.

Microciclos

El microciclo es la unidad de tiempo más pequeña en la planificación, normalmente equivalente a una semana de entrenamiento. En él se concreta qué se hace cada día: sesiones, tipos de trabajo, intensidad, duración y descansos.

En función del objetivo del periodo, puede haber microciclos de carga alta, carga media, carga baja o recuperación. A través de la secuencia adecuada de microciclos se controla la fatiga acumulada y se potencia el rendimiento en momentos clave, como partidos importantes o pruebas específicas.

Modelos de planificación del entrenamiento deportivo

La forma de organizar estos ciclos no siempre ha sido igual. Con el paso de los años han surgido distintos modelos de planificación basados en la investigación y en la experiencia con deportistas de alto nivel. La teoría clásica y la moderna conviven, y cada entrenador elige el enfoque que mejor se ajusta a su contexto.

Modelo tradicional de Matveev

El modelo clásico de Matveev es el punto de partida de la periodización moderna. Propone una estructura con una fase preparatoria general extensa, una transición hacia una preparación específica, un periodo competitivo donde se alcanzan uno o dos picos de forma al año y, por último, una fase de transición o descanso. Es un modelo muy válido para deportes con pocas competiciones clave al año.

Sistema pendular de Arosiev

El sistema pendular de Arosiev plantea una aproximación diferente, especialmente útil en deportes de combate. Divide la temporada en ciclos relativamente independientes, con etapas sucesivas de “acumulación” (equivalente a preparación) y “realización” (más cercana a competición), alternando microciclos principales y de regulación.

La idea es crear de forma repetida bases de preparación especial que permitan al deportista rendir varias veces al año, manteniendo un nivel técnico-táctico estable y reforzando los puntos fuertes del rendimiento.

Modelo de alta intensidad de Tschiene

El modelo de alta intensidad de Tschiene surgió como una crítica al esquema clásico de Matveev, argumentando que el deporte moderno exige un mayor énfasis en cargas muy elevadas y específicas. En este enfoque se reduce el peso del trabajo general prolongado y se apuesta por periodos más concentrados de alta intensidad.

Modelo de altas cargas de Vorobiev

El modelo de altas cargas de Vorobiev propone organizar el entrenamiento en torno al uso de cargas muy exigentes basadas en principios de adaptación biológica de los sistemas funcionales. Defiende la utilización prioritaria de estímulos específicos del deporte, cambios frecuentes en las cargas para generar adaptaciones continuas y la división del año en estructuras intermedias de corta duración que permitan mantener al deportista en un nivel muy alto.

Campanas estructurales de Forteza

La propuesta de campanas estructurales de Forteza se basa en que las cargas de preparación especial se sitúen siempre por encima de las generales, permitiendo al atleta competir desde fases tempranas del ciclo. A lo largo del año pueden identificarse varias “campanas” en las que se integran las cargas generales y específicas de forma coordinada.

Estructura de bloques de Verkhoshansky

La estructura en bloques de Verkhoshansky supuso una revolución respecto al modelo tradicional. Propone concentrar el trabajo en bloques de orientación unívoca, por ejemplo, un bloque de alta carga de fuerza seguido por otro más orientado a la técnica y la velocidad.

La idea central es aprovechar el efecto de acumulación retardada del entrenamiento: el trabajo concentrado de fuerza crea una base que se manifiesta más adelante cuando se introduce el entrenamiento técnico o de velocidad. Verkhoshansky defiende que las cargas no específicas en exceso pueden ser incluso contraproducentes en fases avanzadas.

Modelo ATR (Acumulación, Transformación, Realización) de Navarro

El modelo de macrociclo contemporáneo ATR, desarrollado por Navarro, parte del enfoque de cargas concentradas y lo organiza en tres grandes mesociclos: Acumulación, Transformación y Realización.

En la fase de acumulación se construye la base de capacidades generales y específicas; en la de transformación se orienta esa base hacia las demandas más concretas del deporte, y en la de realización se busca el máximo rendimiento en competición. Este esquema se adapta bien a deportes con muchas competiciones importantes repartidas durante la temporada.

La ciencia detrás del entrenamiento deportivo moderno

El entrenamiento deportivo actual está profundamente marcado por el desarrollo científico y tecnológico. Disciplinas como la fisiología del ejercicio, la biomecánica, la psicología, la nutrición o la genética han aportado herramientas para afinar la preparación de los deportistas hasta niveles impensables hace unas décadas.

La investigación ha permitido diseñar métodos de entrenamiento más eficaces, sistemas de control de carga, tests específicos para evaluar capacidades, protocolos de prevención de lesiones y estrategias de recuperación avanzadas. Todo ello facilita que el entrenador tome decisiones basadas en datos, optimice el uso de medios y métodos, y personalice la planificación según las características del deportista.

Avances genéticos y el debate del “atleta diseñado”

Uno de los campos más controvertidos es el de la genética aplicada al deporte. Investigaciones como las de Ronald Evans sobre el gen PPAR-delta, publicadas en la década de 2000, mostraron que ciertas modificaciones genéticas podían aumentar el metabolismo de las grasas y la resistencia en ratones, convirtiendo animales sedentarios en verdaderos “supercorredores”.

Experimentos con fármacos que activan vías similares, o con enzimas como la proteína quinasa dependiente de calcio-calmodulina (CaMK), han llevado a algunos autores a hablar de la posible “píldora del ejercicio”, capaz de imitar parte de los efectos del entrenamiento sin necesidad de realizarlo. También se han estudiado genes como el ACE, relacionados con la predisposición a deportes de fuerza o de resistencia.

Estos avances abren la puerta al concepto de atleta genéticamente modificado, capaz de superar marcas históricas gracias a intervenciones biotecnológicas. Sin embargo, plantean enormes retos éticos, legales y de salud para el deporte, desde el dopaje genético hasta la posible desigualdad entre quienes tienen acceso a estas tecnologías y quienes no.

En paralelo, el desarrollo de fármacos y suplementos orientados al metabolismo o a la mejora de la función muscular obliga a organismos como el COI y las federaciones internacionales a actualizar constantemente sus normativas para preservar la integridad y la equidad en la competición.

Aplicar el entrenamiento deportivo de forma segura y eficaz

Para que todo lo anterior no se quede solo en teoría, es imprescindible que el entrenamiento deportivo se aplique con criterio profesional y sentido común. El diseño de un programa debe tener en cuenta el estado de salud, el historial de lesiones, el tipo de cuerpo, el entorno y los objetivos del deportista.

Por ejemplo, una persona con un biotipo ectomorfo (delgado, con dificultad para ganar masa muscular) necesitará un enfoque diferente a alguien con tendencia a acumular grasa. De igual forma, un principiante no puede seguir el mismo volumen e intensidad que un deportista avanzado, aunque compartan deporte y objetivos generales.

Algunas recomendaciones prácticas para un entrenamiento de calidad son: fijar metas claras y realistas, escuchar las señales del propio cuerpo, introducir variedad en la rutina para evitar estancamientos, respetar los tiempos de descanso, cuidar la nutrición y la hidratación y registrar el progreso con herramientas sencillas (cuaderno, app, reloj deportivo) para poder ajustar las cargas.

En el ámbito profesional, las salidas laborales asociadas a la preparación física son muy amplias: entrenador personal, preparador físico en gimnasios o clubes, monitor de actividades dirigidas, técnico de fitness acuático, coordinador de programas de acondicionamiento físico, especialista en colectivos especiales (personas mayores, poblaciones clínicas, etc.). La combinación de formación en entrenamiento deportivo y, en muchos casos, en coaching deportivo, permite a estos profesionales acompañar mejor a sus deportistas tanto en el plano físico como en el mental.

En definitiva, el entrenamiento deportivo es un proceso complejo, global y profundamente humano en el que se entrelazan ciencia, pedagogía y experiencia práctica. Entender sus principios, conocer los distintos tipos de trabajo, manejar la planificación por ciclos y estar al día de los avances científicos permite diseñar programas más eficaces, seguros y motivantes, ya sea para llevar a un atleta a su mejor marca o para ayudar a cualquier persona a disfrutar de un estilo de vida activo y saludable.

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